sábado, junio 13, 2009

PRONUNCIAMIENTO



Frente a los hechos ocurridos desde la madrugada del 5 de junio de 2009 en la provincia de Bagua, los docentes universitarios de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, expresamos lo siguiente:

1. Respecto a la Amazonía no solo reina el malentendido, sino también el deliberado desconocimiento por parte de las clases dominantes, criollas y mestizas. No se quiere saber de su población, de su cultura ni de sus formas de vida, como si fueran incomprensibles e ininteligibles: ella siempre ha sido extraña y amenazadora para esas clases. Sin embargo, si bien es cierto que en los últimos tiempos se ha producido un acercamiento y una aceptación, y se ha pensado en políticas de asimilación —etnocéntricas—, lamentablemente con las políticas del APRA se ha retornado de un modo absolutamente cínico a modos de planificación de estirpe colonial, bajo el sustento de un modelo económico que supone que el único sistema concebible y el único mundo posible es el formado alrededor de la economía de mercado.

2. Lo dicho explica la falta de voluntad política, el desinterés y la incompetencia de las autoridades -el Congreso, el Ejecutivo, el presidente de la República, el premier, la ministra del Interior —para resolver el conflicto social que se inició hace más de 55 días, el cual ha llegado a un triste desenlace con la terrible muerte de policías y civiles.

3. Explica también la actitud condenable del presidente Alan García y del gobierno aprista por no asumir autocríticamente su responsabilidad política en estos terribles hechos, y limitarse, por un lado, a culpar de lo ocurrido a una conspiración extranjera que según ellos estaría manipulando a las poblaciones nativas y, por otro, a difundir sistemáticamente una propaganda torpe y encubridora.

4. Por eso nos solidarizamos con los pueblos indígenas de nuestra Amazonía, que desde hace más de un año vienen luchando por la derogatoria de decretos inconstitucionales que atentan contra sus legítimos derechos y que han sido aprobados sin atender al derecho que sus pobladores tienen de ser consultados sobre decisiones que afectan sus vidas, desconociendo convenios internacionales como el Convenio 169 de la OIT y la Declaración de las Naciones Unidas.

5. Hacemos un llamado a la unidad de las fuerzas realmente democráticas para apoyar a los pueblos de la Amazonía y enfrentar a los grupos interesados en tomar posesión de sus territorios.


Lima, 12 de junio de 2009


Santiago López Maguiña (Literatura)
Dante Dávila Morey (Filosofía)
Dorian Espezúa Salmón (Literatura)
Mauro Mamani Macedo (Literatura)
Javier Aldama Pinedo (Filosofía)
Aníbal Campos Rodrigo (Filosofía)
Milagros Carazas Salcedo (Literatura)
María Cortéz Mondragón (Linguística)
Manuel Conde Marcos (Linguística)
Gonzalo Espino Relucé (Literatura)
Camilo Fernández Cozman (Literatura)
Carlos García – Bedoya Maguiña (Literatura)
Carlos García Miranda (Literatura)
Oscar García Zárate (Filosofía)
Antonio González Montes (Literatura)
Guisela González (Literatura)
Miguel Maguiño Veneros (Literatura)
Carlos Mora Zavala (Filosofía)
Javier Morales Mena (Literatura)
Hildebrando Pérez Grande (Literatura)
Miguel Polo Santillán (Filosofía)
Rosalía Quiroz Papa (Bibliotecología)
Humberto Quispe Hernández (Filosofía)
Saúl Rengifo Vela (Filosofía)
Álvaro Revolledo Novoa (Filosofía)
Moisés Sánchez Franco (Literatura)
Marcel Velásquez Castro (Literatura)
Yolanda Westphalen Rodríguez (Literatura)

martes, junio 09, 2009


viernes, marzo 20, 2009

Cuaderno de lamentaciones de Antonio Gálvez Ronceros


Desde la publicación de Los ermitaños y Monólogos desde las tinieblas, Antonio Gálvez Ronceros ha sido reconocido como uno de los principales narradores del mundo de los habitantes de las comunidades negras de Chincha, al sur de Lima. El grueso de la crítica y los reconocimientos de los que ha sido merecedor han partido de esta consideración. En efecto, junto con Gregorio Martínez, nuestro autor forma parte de un grupo de escritores que dan forma a la narrativa negrista en el Perú, cuyos orígenes los podemos rastrear en Felipe Pardo y Aliaga y Enrique López Albújar.

Sin embargo, en varios libros Gálvez Ronceros ha incursionado en otros espacios narrativos, como el realismo social en Historia para reunir a los hombres, y la crónica en Aventuras en el Candor. Su último libro de cuentos publicados, Cuadernos de agravios y lamentaciones (Lima, Fondo Editorial de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, 2003), se adscribe a la primera línea. Una línea que lo acerca a las propuestas de la revista Narración, en la que participó en la edición del segundo número (1971). Como se sabe, a mediados de la década del sesenta un grupo de escritores, entre los que destacaba Oswaldo Reynoso, Miguel Gutiérrez y Eleodoro Vargas Vicuña, editan una revista llamada Narración. Esta publicación se distinguía de otras de su género, como Mar del Sur o El Dominical del diario El Comercio, por tratar de situarse en una posición alternativa a las publicaciones literarias que representaban a los grupos de poder económico del país. Esto último los llevó a desarrollar, partiendo de las tesis maoístas del arte y del realismo crítico, prácticas narrativas, como el testimonio y la crónica social, que tenían como finalidad evidenciar la situación social y política de los sectores marginales y empobrecidos de la sociedad peruana.

Ahora bien, el volumen lo conforman once cuentos, donde Gálvez Ronceros trata diferentes aspectos de la realidad social. En general, el diseño de sus personajes y situaciones nos recuerda al realismo crítico de George Lukács: un sujeto social –escritor, obrero, profesor- se relaciona críticamente con la realidad social institucionalizada –gobierno, fábrica, escuela. Aunque no llega a plantear la “lucha de clases”, la estructura dramática parte del conflicto social. Por ejemplo, el cuento "Hombre y Perro" se estructura en torno al problema laboral entre obreros y los dueños de una fábrica.

Otro aspecto interesante en el conjunto de historias es la manera cómo aborda esta problemática social. En algunos casos, usa el recurso de la metáfora para intensificar el carácter dramático, como, nuevamente, en "Hombre y Perro", donde narra la historia de un perro en la vida de unos obreros en una fábrica. La vida y salud del perro corre paralela a la vida de los trabajadores. Y si bien al inicio el perro estaba bien de salud, era por las sobras de comida que le daban los trabajadores. Pero, años después, producto de una serie de huelgas, los obreros ya no tienen sobras que darle, y el perro se debilita, al punto de convertirse en una metáfora de la situación de los trabajadores, tal como se revela en la siguiente cita: “De aquel amigo nuestro no supimos más [se refiere al perro]. Devuelto a la vida de dolorosa orfandad, el pobre andará por ahí exactamente como nosotros: huesudo, triste, desesperado por conseguir algún alimento, sintiendo ese amargo sabor que tiene la vida en un mundo donde los hombres no están reunidos (pp. 41)”.

En otros relatos, la referencia a la problemática social es directa, como en "Dinosaurios", donde refiere lo siguiente: “El escritor cree saber ahora por qué muchísimos hombres, mujeres y niños viven en el mundo soportando una carga de años de más” (pp. 14). O en el relato ¿Un patadón ahora?, donde refiere la historia de por qué un individuo le dio una patada en el trasero a un policía, y terminar en el siguiente diálogo: “-¡Oh, Dios!... Por eso me parecía increíble que pudieras haberle zampado un patadón a una de estas bestias [se refiere a los policías]-, ¿Un patadón ahora? Para qué. ¡Lo que estas basuras merecen es un balazo!” (pp.75).

De esta manera el universo narrativo de Gálvez Ronceros se amplia, dejando de lado el mundo de los negros, y asumiendo como eje de su narración el mundo de los marginales urbanos. La pobreza, el abuso de la autoridad, y la crisis social son los temas dominantes de este conjunto de relatos. Pero, esto no significa que esta nueva veta esté desgajada de la anterior. Al interior de los relatos, subyace el tema de la denuncia de los abusos que son objetos las minorías, aspecto que también está en Monólogos… y Los ermitaños. La variante está en la manera cómo se resuelve los conflictos. En el caso sus primeros libros, era el humor el mecanismo que permitía superar los abusos. En este último, el humor festivo se ha convertido en humor negro, hecho que pone de manifiesto de intención moralista del autor. Podría discutirse la efectividad de este recurso, tal vez con razón, pero también es cierto que una de los soportes de los cuentos es la actitud comprometida del autor, en muchos casos explícita. Y eso permite que el libro alcance niveles profundamente humanos. Un humanismo cargado de moral y de sentido social, que seguramente nos hará recordar otras épocas, como el realismo socialista, pero no por ello innecesario en estos tiempos de cinismo e indiferencia social.

Carlos García Miranda

Foto: Antonio Gálvez Ronceros

domingo, octubre 26, 2008

El Blogger Miguel Ángel Huamán


El poeta, critico literario y ahora blogger Miguel Ángel Huamán acaba de estrenar el blog Seminario de Literatura (http://seminariodeliteratura.blogspot.com/ ), presentado como un "espacio virtual para el diálogo académico: no hay delito de opinión, pero sí de argumentación".
Saludamos el nuevo proyecto de nuestro amigo Miguel Ángel, además de agradecer que haya colgado algunos de sus articulos, muchos publicados en revistas de difícil acceso, cuya lectura correcta de parte de los bloggers limeños podría contribuir enriqueciendo debates y proponiendo otros. Con la presencia de Miguel Ángel en la webblosfera tal vez se inicie una necesaria campaña de higienización de este medio virtual, dominado ahora por el chisme, los post anónimos y la anomia mental. En esta línea, recomiendo la lectura del siguiente artículo: http://sisbib-03.unmsm.edu.pe/blog/wp-content/uploads/2008/10/literatura-de-la-violencia-poledtica.doc.

domingo, agosto 17, 2008

Porfirio Mamani en Lima

Mi amigo Mauro Mamani me informa que su hermano, el poeta arequipeño Porfirio Mamani, residente en París, presentará en Lima dos libros: su último poemario Lluvia después de la caída & Un réquiem para Darfur, y su libro de ensayo La sociedad peruana en la obra de José María Arguedas. Además, se presentará el poemario de su hija, Alba Mamani-Macedo, titulado Hija del Sol. Amigos y amantes de la literatura están invitados el próximo martes 19 al Yacana Bar, en el centro de Lima. Posteo la nota de prensa del acto y una breve reseña del autor.



INVITACIÓN

El Yacana Bar & Hipocampo Editores invitan a la presentación de los libros

Hija del Sol, de Alba Mamani-Macedo
Lluvia después de la caída & Un réquiem para Darfur, y La sociedad peruana en la obra de José María Arguedas, de Porfirio Mamani Macedo.

El comentario estará a cargo de
José Luis Ayala
Carlos García Miranda
El acto se llevará a cabo en el Yacana Bar, cito en el Jirón de la Unión 892,
el día martes 19 de agosto de 2008
a las 7:00 pm.
Vino de honor

Porfirio Mamani Macedo ha nacido en Arequipa (Perú) en 1963. Es doctor en Letras en la Universidad de la Sorbona. Se ha graduado también de abogado en la Universidad Católica de Santa María, y ha hecho estudios de Literatura en la Universidad de San Agustín (Arequipa). Ha publicado poemas y cuentos en varias revistas en Europa, Estados Unidos y Canada. Ha publicado entre otros libros : « Ecos de la Memoria »(poesía) Editions Haravi, Lima, Pérou, 1988. « Les Vigies »(cuentos) Editions L’Harmattan, Paris, 1997. « Voz a orillas de un río/Voix sur les rives d'un fleuve » (poesía) Editiones Editinter, 2002. « Le jardin el l’oubli », (novela), Ediciones L’Harmattan, 2002. « Más allá del día/Au-delà du jour » (poemas en prosa), Editiones Editinter, 2000. « Flora Tristan, La paria et la femme Etrangère dans son œuvre », L’Harmattan, 2003.(Ensayo). « Voix au-delà de frontière », L’Harmattan, 2003. « Un été à voix haute », Trident neuf, 2004. Poème à une étrangère, Editions Editinter, 2005. Ha enseñado en varias universidades francesas. Actualmente reside en París y enseña en la Universidad de Pïcardie Jules Verne (http://www.artepoetica.net/Porfirio_Mamani.htm).
Foto: Carlos García Miranda y Porfirio Mamani en un café de París.

martes, julio 29, 2008

Un premio bajo el cielo sin cielo de Lima

Hace unos días recibí una llamada de México D. F. Una voz femenina me dijo que mi cuento "Casacas de cuero negro" acababa de alzarse con el primer premio del "Primer Concurso Iberoamericano de Cuento sobre Discriminación", organizado por una institución mexicana (http://www.conapred.org.mx./index.html), dotado de cinco mil dólares, cuarenta ejemplares de la edición del cuento ganador y de las siete menciones honrosas, y un viaje a Buenos Aires en setiembre para presentar el libro en el marco de un evento continental contra la discriminación. Grata noticia, capaz de abrir para mí el cielo sin cielo de Lima, y verlo convertido en un fondo azul sobre el que flotan nubes lechosas. Comparto con ustedes, amigos y visitantes de este blog, el respectivo brindis con pisco por esta buena nueva y posteo -para los incrédulos- el acta del jurado. Salud.

Resultado del Primer Concurso Iberoamericano de Cuento sobre Discriminación

El Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación se complace en informar el resultado del Primer Concurso Iberoamericano de Cuento sobre Discriminación, de acuerdo al Acta Final del Fallo del Jurado, cuyo original firmado se puede consultar por medio de la siguiente liga .

Primer Concurso Iberoamericano de Cuento sobre Discriminación Acta de selección de ganadores.
Siendo las 15:00 horas del día 23 de julio del año 2008, en las instalaciones del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación, se reunió el jurado calificador para la selección de ganadores del Primer Concurso Iberoamericano de Cuento sobre Discriminación, integrado por la señora Silvia Molina, el señor Saúl Ibargoyen, el señor Jorge Volpi y un representante del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación, con voz pero sin voto, salvo en caso de empate persistente.
El jurado procedió a realizar la selección de un ganador a primer lugar y de siete menciones honoríficas, de un total de 30 cuentos preseleccionados. El resultado del escrutinio quedó como sigue:

Primer lugar
“Casacas de cuero negro”

De Carlos Alberto García Miranda - Perú.

Menciones honoríficas
1.- “Nueva esperanza”, de Ramiro García Medina - Colombia.
2.- “Entre lo real y lo virtual”, de Luis Manuel Correa-Power - Venezuela.
3.- “Mujer frontera”, de Victoria Santillana Andraca - México.
4.- “Bordòn, esclavina: peregrino”, de Juan Carlos Fernández León - España.
5.- “La maga”, de Claudia María Gabriela Hasanbegovic - Argentina.
6.- “Los fantasmas del bosque encantado”, de Sebastián Jorqi - Argentina.
7.- “Cosas de niños”, de Matías Emanuel González - Argentina.

Dando por terminada la selección de los cuentos ganadores del Primer Concurso Iberoamericano de Cuento sobre Discriminación, los integrantes del jurado calificador del mismo procedemos a la firma de la presente acta. Los abajo firmantes, después de dictaminar el trabajo ganador y las menciones arriba señaladas, constatamos que son los seleccionados el día 23 de julio de 2008.

Se da por terminada la sesión siendo las 16:00 horas del día 23 de julio de 2008. Firmas de la y los integrantes del jurado:

Silvia Molina - Juez

Saúl Ibargoyen - Juez

Jorge Volpi - Juez

Por el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación:

Arturo Cosme Valadez - Editor


Por la Red Iberoamericana de Organismos y Organizaciones contra la Discriminación

Alejandro Becerra Gelover - Secretario técnico.

miércoles, junio 18, 2008

González Montes sobre la narrativa de César Vallejo



En una época donde surgen a cada momento narradores en toda América Latina -¡39 narradores menores de 39 años se reunieron en Colombia, insólito!-, y con los críticos buscando referentes y "maestros" de toda esa masa de narradores jóvenes, puede resultar provechoso el libro de Antonio González Montes -motivo de la nota-, donde se revisa la obra narrativa de César Vallejo, tal vez un paradigma más para aquellos narradores de menos de 39 años que aún viven la vanguardia con la misma ingenuidad con que Carlos Eduardo Zavaleta imitaba a James Joyce en los años cincuenta.

En 1923, César Vallejo publica Escalas, libro que reúne sus textos narrativos. Antes había publicado Los Heraldos Negros y Trilce. A diferencia de estas últimas, Escalas no recibió el mismo favor de la crítica. Incluso, el mismo José Carlos Mariátegui, tan entusiasta con respecto a su poesía, no menciona esa obra en su “Proceso de la literatura peruana” (Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana, Lima, Amauta, 1928). Esta conducta, ligada a ensalzar la poesía y casi desconocer la producción narrativa vallejiana, se mantuvo durante las décadas siguientes, salvo unas notas donde se destacaba el aspecto fantástico de los cuentos, y su inclusión en algunas antologías (sobre todo de Cera).

Recién en la década del ochenta empieza a generarse un interés en la narrativa vallejiana. Podríamos citar los trabajos del crítico chileno Eduardo Neales-Silva, Trinidad Barrera, Sonia Mattalía y Jeffrey Charles Fisher, entre otros. En general, estos autores abordan los relatos de Escalas desde distintas perspectivas críticas, y tratan de discutir sus relaciones con la narrativa modernista y la de vanguardia.

Antonio González Montes, Magíster en Literatura Peruana y Latinoamericana, catedrático de larga trayectoria en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y autor de César Vallejo (1969), Estructura del texto novelístico (1987), Semiótica (1989) y Periocuentos peruanos (1977), se adscribe a esta suerte de “boom” crítico en torno a la narrativa vallejiana con la publicación de Escalas hacia la modernización narrativa (Lima, Fondo Editorial de la UNMSM, 2002), libro que tiene como origen su tesis de Maestría, y que se presenta como un acucioso intento de discutir el carácter periférico de la narrativa de César Vallejo con respecto a su poesía, y a establecer un diálogo intertextual con toda su producción.


Los ejes que articulan el recorrido que realiza González Montes son la intertextualidad, la metacrítica y el análisis de textos. Con respecto al primero, se revisa la intertextualidad existen entre los textos de Escalas y los artículos, cuentos, novelas y la poesía de César Vallejo. Consecuencia de este diálogo intertextual González Montes “pone de manifiesto algunas constantes temáticas propias de la concepción ideológica y estética del escritor” (p. 47). En esta línea de reflexión González Montes encuentra nexos temáticos entre Escalas y Los Heraldos Negros, postulando la tesis de que existe “una misma concepción existencial y estética” (p. 34) entre ambas. Una muestra de ello es el relato Alfeizar, que pertenece a la sección Cuneiformes, y el poema El pan nuestro, donde coinciden en recrear “escenas de desayunos en los que el sujeto evocador destila nostalgia” (p. 34). También encuentra homologías entre Escalas y Trilce. Según González Montes, por ejemplo, “el tema de la justicia tiene una presencia significativa en las dos secciones de Escalas, y Cuneiformes es el eje de, por lo menos, tres textos: Muro Noroeste, Muro Este y Muro Dobleancho. En Coro de vientos, el relato Liberación se adscribe a esa permanente preocupación de Vallejo por lo justo o lo injusto. En Trilce se puede rastrear la manifestación de éste en los textos XVIII, XXII, L y LIII” (p. 39). Del mismo modo, encuentra relaciones con el resto de la producción vallejiana.

Por su parte, el abordaje metacrítico le permite a González Montes hacer un acucioso recorrido por el grueso de la producción crítica en torno a Escalas, revelando aspectos que podrían llevarnos a una reevaluación de la obra narrativa de Vallejo. Esto se denota con mayor rigor en el acápite “La crítica reciente: autonomía e intertextualidad”, donde revisa los aportes de Eduardo Neale-Silva en su libro César Vallejo, Cuentista / Escrutinio de un múltiple intento de innovación (Barcelona, Salvat Editores, 1987). En dicho texto, Neale-Silva trata de fundamentar, a partir de diversos procedimientos analíticos, la tesis de que Escalas no sólo forma parte de la cuentística vanguardista, sino que le inserta nuevos temas.


En el tercer capítulo González Montes desarrolla lo medular de su trabajo: una revisión de las ediciones de Escalas –destacando la edición de Claude Couffon-, y un análisis de corte narratológico. El propósito de dicho análisis, afirma el autor, “es estudiar el libro en su totalidad, procediendo a examinar cada uno de los textos que constituyen las dos secciones de libro. Al realizar la exégesis tomaremos en cuenta las interpretaciones propuestas por los diferentes estudiosos del libro, pero trataremos de establecer nuestra propia lectura” (p. 132). Tomando como eje el narrador y las estructuras discursivas de los relatos, González Montes pone de manifiesto su competencia para desarrollar minuciosos análisis textuales.

Estos aportes hacen de Escalas hacia la modernización narrativa un libro imprescindible para aquellos que estén interesados en explorar la narrativa de nuestro vate mayor.

Fotos: [1] César Vallejo; [2] Antonio González Montes y Miguel Gutiérrez; [3] Antonio González Montes y Julio Ortega; [4] Alonso Cueto, Edgardo Rivera Martínez, Antonio González Montes, Ricardo González-Vigil, Eduardo Hopkins.

viernes, junio 06, 2008

Gonzalo Espino y Las imágenes excuidas del Ande


Hace unos meses recibí la grata noticia de que el poeta, investigador de la cultura andina, docente universitario, líder político sanmarquino y blogger contracultural (ver http://gonzaloespino.blogspot.com/), Gonzalo Espino Relucé (Hacienda Roma, 1935), luego de batirse a duelo con un exigente jurado, había logrado obtener su doctorado en Literatura Peruana y Latinoamericana por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, defendiendo la tesis Etnopoética quechua. Textos y tradición oral quechua. Como una forma de trasmitirle mi saludo y felicitación por su logro académico posteo un breve texto sobre uno de sus últimos libros, Imágenes de la inclusión andina –literatura peruana del siglo XIX (Lima, Instituto de Investigaciones Humanísticas de la UNMSM, 1999).


“Si bien en los años iniciales de la república –afirma Antonio Cornejo Polar[1]- ni se construye una tradición literaria, por la omisión del legado colonial y la fatuidad de la apelación incaica, ni se elabora un proyecto de desarrollo de una literatura específicamente nacional, lo que no obsta para que el costumbrismo encauce una cierta manera literaria de larga descendencia, lo cierto es que entonces se establece (o mejor, se reafirma) el espacio desde el cual se producirá la literatura que asume, desplazando a otras, la representación del Perú todo. Modificar esta situación llevará casi un siglo”.

Estas ideas, planteadas a comienzos de los años noventa, se renuevan en la reciente publicación de Gonzalo Espino Reluce Imágenes de la inclusión andina –Literatura peruana del siglo XIX. En su libro, Espino Reluce -docente en literatura en la UNMSM, Magíster en Literatura Peruana y Latinoamericana y con estudios de doctorado- realiza una interesante exploración hermenéutica en una serie de textos correspondientes al último tercio del siglo XIX, a partir de los cuales discute las imágenes canónicas de la literatura peruana.

El libro, que corresponde a la segunda parte de su tesis de magíster en Literatura Peruana y latinoamericana, titulado Adolfo Vienrich: La tentativa de la otra Literatura peruana (1996), está organizado en cuatro capítulos. En el primero explora algunos textos de Manuel González Prada y Abelardo Gamarra. De ellos extrae la siguiente tesis: “La reivindicación del indio, a diferencia de otros discursos, que suponen la inclusión o la exclusión, no se resuelve en la melancolía histórica, en el retorno al incario. Prada rechaza todo intento o apetito restaurador de un pasado inca ya remoto: a cambio, demanda la rebelión de los indios. Discursos que van a tener eco en la escritura poética del momento, tanto Abelardo Gamarra como Manuel González Prada ofrecen una posibilidad de hacer legible la situación de un segmento de nuestra sociedad; en ambos casos se inicia como una revuelta que exige la inserción cultural del indio, tópico compartido con la ciudad letrada, para luego revelar la problemática como asunto en estricto social y económico. Ésa es la lección que los maestros proponen y cuyo impacto es posible rastrear en diferentes textos de la literatura de la ciudad letrada de la época” (pp. 33).


Esta tesis va a ser contrastada, en el segundo capítulo, con la concepción de literatura de algunos escritores de la época, como Ricardo Palma. Según Espino Reluce, “para el tradicionalista, el castellano es el vehículo de comunicación por excelencia. Se pueden peruanizar las palabras que provienen de las lenguas vernáculas, pero para la expresión de las “bellas letras” está el castellano; así, todos los textos escritos y en castellano son los que somete a su análisis no importa si existe o no una literatura de indios o de incas” (pp. 47).

El tercer capítulo se complementa con el anterior. En él, Espino Reluce plantea que los poetas y escritores de esa época desarrollan un discurso ambiguo con respecto a la literatura nacional. “Por un lado –argumenta Espino Reluce- (los poetas) viven en las márgenes de la soledad y enfrentan el tiempo de modernización del país, y, en medio de este drama, el descubrimiento paulatino de la “nacional como lo indígena” en su poesía” (pp. 50). En el cuarto capítulo, Espino Reluce presenta un breve corpus de textos que intentan construir “otra literatura peruana”. Los textos son diversos. Explora Antigüedades peruanas de Mariano Eduardo de Rivero y Ustariz y Juan Diego de Tschudi, donde, desde una perspectiva arqueológica, se discute la ausencia de una literatura nacional, tomando como base la valoración de las lenguas vernáculas. Seguidamente, trabaja La poesía en el Imperio de los Incas, de Acisclo Villarán; Gramática quechua, de Dionisio Anchorena; y, finalmente, el debate de Constantino Carrasco y Eugenio Larrabure en torno a la pieza dramática Ollantay. En cada uno de estos textos Espino Reluce reconoce “una preocupación por las formas y prácticas vernáculas y la valoración de obra-signos de la literatura quechua”, como el Ollantay. Con estos elementos, se postula la construcción de la “otra” literatura, de raigambre andina, que trata de ganar su espacio al interior de los discursos hegemónicos.

El último capítulo constituye un correlato de los anteriores. A través del análisis de varios poemas de Constantino Carrasco, Manuel González Prada y Carlos Germán Amézaga, se intenta construir la imagen del indio. En cada caso, el indio viene a constituir una conciencia otra, como se revela en la descripción del poema En la puerta de su choza de Carrasco: “La tradición del yaraví enhebra cada verso, de modo que recurre a la imagen de la paloma para concluir. El deslumbramiento del poeta, tópico romántico, se expresa en amor dolido e imposible: la tristeza cubre todo el ser del poeta (convertido en el amante); promete no abandonarla, expresa su deseo de “morir” por ella. Dicho acercamiento finaliza en esa suerte de fuga, donde el romance se realiza en la voz del poeta que invita a la amada a un posible himeneo, propio del tema vernáculo: “Que aun el alba no asoma / Y la pampa está desierta” (v. 23-24). El poeta reconoce a una mujer diferente: “Que es tu raza la del Sol”, la amada imaginada por el autor difiere en pensamiento y palabra, sin embargo hay “sólo dulzura”. Opone a la belleza de la “raza del Sol” la involuntaria declaración del dolor que en su presencia siente: típica propuesta de la forma yaraví. Es esto lo que hace distintiva a la poesía de Constantino Carrasco: al hacerlo, la memoria poética contempla a los dioses, a su fauna y se retiene en un tópico que coincide con el romanticismo desde la forma vernácula e intenta descubrir al otro, a la otra” (pp. 95).

De este modo, Espino Reluce trata de demostrar las tres tesis que articulan cada uno de los capítulos de Imágenes de la inclusión andina: a) se escribe la ciudad letrada del siglo XIX; b) en dicho siglo existe un creciente interés por el quechua, pero no se le otorga el estatus de lengua literaria; y c) “la inclusión andina es un proceso social del Perú como país andino. Esto lleva a cuestionar y replantear el modelo o imaginario literario en medio de sucesivas crisis (la parodia de democracia, la guerra invasora y la derrota del 79-82)” (pp. 12).

En gran medida, Imágenes de la... se inspira los estudios de Antonio Cornejo Polar, fundamentalmente en sus trabajos en torno a la literatura del siglo XIX y su teoría de la heterogeneidad contradictoria. Teoría que, como sabemos, construye un sistema de representación cultural peruano, teniendo como eje la tesis de que la cultura andina es heterogénea. Pero eso no es más que el punto de partida de la exploración llevada a cabo por Espino Reluce. Centralmente, el libro pretende discutir el tema de la literatura “nacional” en el Perú, hilvanando, a través de varios textos, un discurso literario de raigambre andina alterno al hegemónico hispanista. En ese sentido, Imágenes de la... discute un tema que desborda lo literario y se instala en el ámbito de la cultura: el problema de las identidades nacionales.

En este punto el libro deja notar sus límites. Unos límites impuestos por el objeto de estudio de la investigación: los poemas y otros textos. En efecto, estos textos impiden explorar otras practicas culturales, como los ritos y las fiestas patronales, donde tal vez esa “otra conciencia” nacional que se intenta rastrear a la largo del libro sea más nítida. Ciertamente, esto escapa al objetivo de la investigación, referido a demostrar cómo en los discursos hegemónicos se puede evidenciar rasgos de otros discursos, como el andino. Objetivo que, en gran medida, se cumple. Aún así, consideramos que las problemáticas planteadas en Imágenes de la ... desborda dicho objetivo, y, a la vez, exige su discusión en un espacio de reflexión mayor, como los estudios culturales, tal como se revela en Comunidades imaginadas, de Benedict Anderson, que también comparte su interés en reflexionar sobre las identidades nacionales.
[1] La Formación de la tradición literaria del Perú. Lima, CEP, 1989. pp. 40-41.

miércoles, mayo 28, 2008

Los siete ensayos de Miguel Ángel Huamán


Acabo de leer la nota que mi amigo Miguel Ángel Huamán ha escrito a una lamentable antología sobre narrativa peruana, editada por Gustavo Faverón, bajo el título de Toda la sangre: cuentos peruanos de la violencia política. Aún me cuesta creer que intelectuales de su talla traten académicamente –es decir, seriamente- trabajos que no resisten la menor crítica, ni siquiera las lanzadas desde los más bajos fondos de la red, lugar frecuentado por los interlocutores válidos y directos del referido editor. Con la intención de recordarle a Miguel Ángel antiguos intereses, temas y opiniones sobre la literatura peruana, posteo una reseña que escribí a su último libro Siete estudios de interpretación de la Literatura Peruana. Una académica forma de invitarlo a no desperdiciar balas en gallinazos.

El último libro de Miguel Ángel Huamán (Lima, 1950) Siete estudios de interpretación de la Literatura Peruana (Lima, Fondo Editorial de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la UNMSM. 2005), constituye, en más de un sentido, un cálido homenaje a José Carlos Mariátegui (Lima, 1895 - 1930). Y no sólo por la explícita referencia al clásico libro del Amauta Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana (Lima, 1928), sino por la perspectiva culturalista -de cuño neomarxista- que domina sus reflexiones, su espíritu reivindicativo de la cultura andina y su afán polémico.

Aunque el libro se compone de un conjunto de estudios publicados entre 1999 y 2005 en diversas revistas especializadas, debido a los temas que trata, la perspectiva crítica y preocupaciones comunes, no deja de tener cierta unidad. Incluso, se puede notar un afán por elaborar una suerte de cartografía de la problemática de la literatura peruana, cuyos centros temáticos son José María Arguedas, la narrativa andina de los años ochenta y noventa y la crítica literaria peruana.

Su lectura de la producción poética, narrativa y ensayística de José María Arguedas resulta reivindicativa e interesada en cimentar, aún más, su posición central en la reflexión sobre la cultura andina peruana. Por ejemplo, su lectura de la poesía de Arguedas se desarrolla en el marco de una reflexión sobre las tensiones entre los procesos de modernización social y cultural de corte occidental y los mecanismos de resistencia cultural andina. “La repercusión simbólica de la poesía de Arguedas en nuestra cultura es innegable –afirma Huamán. Más aún cuando los intentos de modernización en curso parecen obviar el debate sobre el tipo de modernidad al que debemos aspirar. La estética andina, funcional en tanto no se conceptúa como un fin en sí mismo, sino como una estrategia que posibilita la aparición de valores complementarios como la verdad y el conocimiento, ofrece la tentación de una fácil resolución de nuestros problemas. (…) El discurso estético permite avizorar a una modernidad desde nuestras raíces antiguas, un proyecto nacional donde se asuma la diversidad de nuestra heterogeneidad social y cultural, una nacionalidad e identidad que se contraponga al exterminio y postergación de una parte de nuestra población” (pp. 20).

Una ampliación de estas ideas se revela en el texto “Arguedas o el vuelo de la pluma”, donde vuelve a subrayar el carácter central e, incluso, de “horizonte simbólico inédito”, de la obra arguediana. Afirma Huamán: “Todo lo señalado, nos permite afirmar en términos globales, a título de conclusión, lo siguiente: la temática de lo nacional y la nacionalidad articula en la escritura arguediana la vida y la obra, otorgándole su unidad aparente por encima de las diferencias entre lo ficcional y lo no – ficcional, entre lo literario y lo ensayístico, Arguedas, en ese sentido, formaliza en sus escritos un horizonte simbólico inédito, desde el cual es posible pensar y vivir todas las sangres como él las llamaba” (pp. 32).

Sobre esta certidumbre, Arguedas como centro de la cultura andina, desarrollará el tema de la narrativa andina, otorgándole las mismas valencias: “Tal vez el fortalecimiento [de] la narrativa andina, su estudio y difusión como escritura utópica nos permita avanzar en el sueño de una integración nacional y regional. Esa ha sido la intención de esta reflexión: proponer esta lectura inicial del proceso de nuestras literaturas como muestra de la capacidad que contiene la palabra literaria de imaginar un tiempo posible donde la integración entre nuestros países y regiones sea posible” (pp. 49). Esta observaciones se ampliarán en el texto “Tradición narrativa y modernidad cultural peruana”, donde afirma que: “ Al contrario de los que avizoran un futuro confuso y disperso, creemos que las posibilidades de nuestra narrativa en los tres ejes de tratamiento de nuestra modernidad literaria: la racionalización patente en la capacidad de crítica desde nuestra tradición, la secularización expresada en el poder del diálogo de la creación verbal y la individuación que implica la dimensión estética para la cultura del mañana. Los escritores y lectores de las primeras décadas de nuevo milenio tal vez participen de una literatura peruana pujante, cuya conciencia e imaginación sea un factor decisivo para el logro de nuestro desarrollo y libertad como nación. El tiempo lo dirá” (pp. 89).

Cultura andina, racionalidad histórica, ética y utopía son términos que Huamán relaciona en más de una oportunidad para sustentar, más que una tesis que exige una demostración en el plano analítico, una posición intelectual, cargada de ideología, sentido histórico y ética. Esta dimensión de su reflexión lo revela en textos como “La literatura como institución social”, en el que afirma: “Por todo lo señalado se hace evidente que la literatura como institución social en el Perú mantiene formas de interacción social que no se corresponden con la cultura moderna. No debe sorprendernos que nuestra actividad artístico-literaria esté aún en el nivel de la formación social; es decir, del taller; el grupo, el movimiento, la exposición, etc. Si nuestra democracia y capitalismo son tardíos e incipientes, parece lógico que nuestro proceso cultural exprese dicho anacronismo. Asimismo, no debe sorprendernos que nuestra actividad educativa literaria esté en crisis y bajo criterios del siglo XIX (biografismo, impresionismo, esencialismo, etc.) y que la actividad cognoscitiva de la investigación literaria recién pugne por constituirse como comunidad científica e intente desterrar de la práctica académica viejos prejuicios oligárquicos y actitudes corporativas” (pp. 102-103).

Pero donde se hace más patente esta posición intelectual es en el último artículo, “Contra la ´crítica del susto` y la ´tradición del ninguneo`”. Empieza determinando el sentido de “crítica del susto”: “Designo por tanto con el nombre de crítica del susto a cierta práctica discursiva que al amparo del evidente prestigio que los estudios literarios han logrado al incorporar categorías y conceptos provenientes de las ciencias del lenguaje, la semiótica o la epistemología se arroga la posesión de la verdad y el método científico en el terreno de las humanidades. Califican en términos negativos e injuriosos cualquier otra forma de asumir la labor interpretativa y con desmesura se proclaman en posesión de la única verdad” (pp. 116-117). Y por “tradición del ninguneo”: “Si esta creencia retrógrada [la tradición del ninguneo] pudiera verbalizar su propia actitud lo haría así: “nadie, salvo yo (es decir el usuario de esta postura intelectual) sabe algo sobre este u otro tema; soy lo máximo, un genio y los demás son ninguno, es decir nada, basura, cero. Por lo tanto, nadie sin mi autorización o consulta puede atreverse a abordar mi propiedad intelectual, y si lo hace es un incauto, peor si no cita mis insuperables libros o artículos” (pp. 126).

Luego de personalizar estas conductas “críticas” en las figuras de Enrique Ballón Aguirre y Birger Angvik, críticos del “susto” y el “ninguneo”, respectivamente, concluye con el siguiente párrafo: “Muchos se impresionan con los apellidos extranjeros o compuestos y ´ningunean` a quienes son simples peruanitos con nombres autóctonos. Es sobre la base de esta imposición postcolonial que la producción académica nacional no logra consolidarse institucionalmente, y es marginada y silenciada. Un estudioso nacional no debe estar ni sentirse obligado a escribir en inglés si desea participar en alguna instancia en el debate cultural o si busca apoyo financiero. Por ello, los principales responsables de esta situación, más que exhortar al diálogo, deben practicarlo” (pp. 136).

Este último párrafo cierra un arco de reflexión en el que se discute, desde un espacio temporal específico –literatura peruana desde mediados del siglo XX-, temas que recorren la historia cultural peruana desde la colonia: indios – españoles, criollos – andinos, nacional – internacional, cultura nativa – cultura occidental, modernos – posmoderno, etc. En efecto, en conjunto, los estudios revelan una adscripción a estos temas fundacionales de la tradición crítica peruana. Asimismo, a través de autores y temas tan canónicos como José María Arguedas y el mundo andino, Huamán participa de estas discusiones, asumiendo la posición ya marcada por José Carlos Mariátegui, Antonio Cornejo Polar y Alberto Flores Galindo. Tal vez más de un crítico, ya sea del “susto” o del “ninguneo”, o hasta de la “inocencia” lindando con la “estupidez”[1], pueda juzgar el libro como repetitivo y anacrónico. Una vez más evidenciarían sus complejos y carencia de sentido histórico, pues el efecto en los estudios es todo lo contrario. Por un lado, permite actualizar una agenda problemática tan vigente como la pobreza en el Perú. En este proceso, reflexiones como las siguientes: “El ´indigenismo` (…) está extirpando, poco a poco, desde sus raíces, al ´colonialismo`. Y este impulso no procede exclusivamente de la sierra. Valdelomar, Falcón, criollos, costeños, se cuentan (…) entre los que primero han vuelto sus ojos a la raza” (El proceso de la literatura peruana, Mariátegui, José Carlos. pp. 350. En: Siete Ensayos de interpretación de la realidad peruana. Lima, Biblioteca Amauta, 1989); “El indigenismo más valioso ofrece una revelación del mundo indígena y de su problemática concreta, pero, al mismo tiempo, se ofrece a sí mismo como una reproducción de las relaciones entre ese mundo y el resto de la sociedad nacional, y como una imagen legítima de los conflictos medulares de todo el sistema social peruano. En este sentido se puede afirmar que el indigenismo, como proceso de producción, es hasta hoy la más iluminante y sagaz trasmutación (sic) a términos específicamente literarios de la desintegrada índole de la sociedad peruana” (´El problema nacional en la literatura peruana`, Cornejo Polar, Antonio. En: Sobre literatura y crítica latinoamericanas. Caracas, UCV, 1982), adquieren nuevos sentidos e, incluso, se constituyen en horizontes para reflexionar problemáticas de impacto mundial y regional, como la globalización cultural, la posmodernidad, la narrativa de los años noventa, y otros temas.

Por otro lado, le otorga densidad a la posición intelectual desde la que Huamán enuncia su discurso: “La actitud intelectual que he intentado describir en estas líneas no creo que sea exclusiva de nuestra comunidad académica o intelectual, pero sí pienso ronda más frecuentemente en quienes como nosotros los docentes tenemos la responsabilidad ética de orientar a los jóvenes. Esencialmente por ello he estado, estoy y estaré siempre en contra de la ´crítica del susto` y rechazo rotundamente la tradición intelectual del ´ninguneo` que creemos responde a una matriz cultural más amplia, arraigada en nuestra sociedad: la cultura del tutelaje o el clientelaje que tanto en el terreno intelectual como en el político y social se traduce en cultos al caudillismo y defensas cerradas de intereses de sectas, clanes, grupos o panacas irreconciliables entre sí porque se asumen como las dueñas no sólo de la verdad sino del país, en desmedro de los hombres libres y críticos” (135-136).

De hecho, en el conjunto de estudios se pone de manifiesto esta posición, concordante con un sector de la crítica literaria nacional, el más lúcido y que mejores aportes ha realizado, que no claudica en su misión, casi monacal, de hacer del ejercicio crítico literario un acto ético, conciente de su tiempo y espacio, hundido, como decía Mijail Bajtín, en la vida social concreta.

[1] Me refiero a un lamentable artículo de Marcel Velásquez Castro llamado “Los siete errores de Mariátegui”, donde demuestra cómo fácilmente un crítico novato puede caer en juicios de tal inocencia, que ya lindan con la estupidez.

Fotos: [1] Miguel Ángel Huamán dictando cátedra; [2] Portada del libro reseñado; [3] José María Arguedas; [4] José Carlos Mariátegui; [5] Carlos García Miranda, Gisela González, Miguel Ángel Huaman, Miguel Maguiño, Marco Mondoñedo. En casa de Miguel Ángel.

jueves, mayo 22, 2008

Notas sobre el Aloysius Acker, de Martín Adán


Así como la vida de Martín Adán (1908-1985), la trayectoria del recorrido editorial de Aloysius Acker es digna de un cuento de Borges: entre unos papeles y libros donados por el poeta Alberto Ureta a la Biblioteca Nacional, se halló un cuadernillo de poemas titulado Viaje Lineal. Entre los poemas se encontró uno llamado Aloysius Acker. Varios críticos de la época le dedicaron unas líneas. Poco después, su autor, Martín Adán, prohibió que se le incluyera en la antología que sobre su obra preparaba José Miguel Oviedo. Desde esa vez, todo lo relativo al poema estaría signado por el misterio y la leyenda. Su autor en una oportunidad dijo que no recordaba haber escrito ese poema. A duras penas un investigador, Ricardo Silva Santistevan, logró reconstruir unos fragmentos. Pero aún así, la génesis del poema continúa siendo un enigma. Además, habría que agregar las diferentes interpretaciones que vinculan el Aloysius con la muerte de uno de los hermanos de Martín Adán, con su amistad con el poeta mexicano Owen, y con la situación emocional que padecía en esa época. Como se puede observar, aquí también el problema de base se refiere a la identidad, aunque explorados desde la periferia del texto. Estrategia válida, pero insuficiente para fijar en el especio textual la problemática de la identidad latente en el poema. Nosotros lo abordaremos desde esta perspectiva.


Aloysius Acker (fragmento)

¡Aloysius Acker está naciendo
llenando de gritos la casa, el cielo!
¡Aloysius Acker está naciendo!
¡Aloysius Acker, hermano mío,
el hermano mayor, el hermano pequeño!
-¡Para ti son plumas todas las almohadas,
y con uno que no parece todos los sueños,
y con aire todos los caminos
y con voces todos los versos!
[...]

Mi identidad hostil, mi hermano verdadero
según seno incapaz de la propia natura!...
¡Ay, echado, nonato, el ternísimo cero
a cenagosa estrella de inmediata ternura!...
[...]

¿Quemaré la casa paterna?... ¿partiré de la patria?...
¿Seré un monje en un monasterio?...
¿Me echaré a marear, tatuado, barbudo, descalzo,
en el último de los veleros?...
¡Todo me es igual, Aloysius Acker!...
¡Sólo tú me eres idéntico!
[...]

Cómo morirá el que nunca ha vivido,
el hermano mayor, el hermano pequeño!...
Y cómo morirá tu hermano Aloysius Acker,
yo, el hermano mayor, el hermano pequeño!...
No más. Es necio.
Hemos de ser vivos.
Nada es más allá de nuestro juego.
Y aquí estamos, en la vida y en la muerte,
entre tanto vivo, sobre tanto muerto.
El que no eres tú, no es nadie.
El que no eres tú, es alguien,
Aloysius Acker.
Me basta andar contigo
en un mismo suelo,
en un mismo paso.
Me basta correr a comer contigo
con el mismo hambre, en el mismo plato.
hasta acariciar al niño
y sentirme con el otro extraño.
El otro nos odia.
El otro no tiene hermano.
El otro es el que se embriaga el sábado.
El otro es el canta misa.
El otro es un muchacho.
El otro es una vieja.
El otro eres tú y soy yo, si nos separamos.
¡Aloysius Acker ha nacido!
¡En todo instante está naciendo!

Tú eres el que me es idéntico.
Naces de mí como el desconocido
que tanto amamos en los sueños,
que siempre conocimos en los sueños,
que es uno mismo en los sueños.

De mí te apartas y eres como la imagen
en el espejo.
¿Cuándo no eres yo mismo Aloysius Acker?
el esperado, el compañero,
el que me sorprende, el que no conozco,
aquél por quien soy alguno y muero.

El que no eres tú es el otro,
el cavador del cementerio,
el taquígrafo, el mecanógrafo,
el que me espanta, el que no temo.
¡Vivir es estar tú cogido de mi mano!
¡Vivir es estar yo cogido de tu mano!
A veces te sueltas;
y andas solo por la ciudad y el campo!

Un primer acercamiento a Aloysius Acker nos permite reconocer en él tres secuencias narrativas. La primera se desarrolla entre los fragmentos 1, 2, y 3. En ellos, el yo nos revela el “nacimiento” de Aloysius Acker. Asimismo, se presenta a Aloysius como una presencia esperada “Ya estás entre nosotros”, reza unos de los versos. También se configura como un ser muy cercano al yo. En varios momentos el yo se refiere a él como hermano. Más aún, en el tercer fragmento la frase “naces en mí como el desconocido/ que tanto amamos en los sueños”, revela un mayor acercamiento.

Por otro lado, en el poema se configura un espacio escenográfico íntimo. Los versos “llenando de gritos la casa”, “el padre, la madre, la silla, el perro!” y el ya mencionado “naces en mí”, fijan este espacio a través de los conceptos casa/ familia/ útero. La segunda secuencia narrativa está integrado por los fragmentos 4, 5, 6, 7, y 8. En esta secuencia Aloysius Acker se muestra a plenitud. Ya ha nacido. Asimismo, el yo entra en un juego de relaciones identitarias con Aloysius Acker. Este juego está marcado en los versos “Yo no soy yo. Tú eres yo/ Y tú mueres. Y yo muero”, “Sólo tú me eres idéntico”. No existen marcar directas del espacio escenográfico, aunque en los versos se denota la misma atmósfera íntima de la secuencia anterior. La tercera secuencia se desarrolla en los fragmentos 9, 10, 11, y 12. En él el yo se presente como el doliente ante la muerte de Aloysius Acker. “¡El no nacido, el no engendrado, muerto!...”, “Flores, lágrimas, candelas,”, “Y por ti no llora el perro; / Y por ti no aúlla la madre”, revelan ese sufrimiento.

En estas secuencias la relación del yo con Aloysius Acker va transformándose en sus recorrido. Al principio el yo se muestra diferente de Aloysius, pero, ya desde el fragmento 3, y, en especial, el fragmento 6, se establece un reconocimiento del yo en Aloysius. Y, finalmente, en la última secuencia, vuelve a plantearse una distancia entre el yo y Aloysius. Evidentemente, Aloysius, en este juego de relaciones identitarias, problematiza el concepto de identidad personal. Una problemática que coincide con las planteadas por Paul Ricoeur. En efecto, en el libro Sí mismo como otro, Paul Ricoeur plantea una doble interpretación del concepto de identidad. De un lado, relaciona la identidad con lo “idéntico” (idem), y de otro, con el “sí mismo”(ipseidad). En este proceso, Ricoeur se propone liberar en la identidad la parte inquieta de "si mismo" de la parte opaca de lo "idéntico”. La empresa de Paul Ricoeur resulta ejemplar, pues no se propone únicamente la deconstrucción del uso de "identidad" sino su verdadera reconstrucción filológica; demostrando, persuasivamente, que esta palabra que nombra (o renombra) al yo frente al lenguaje posee una historia no sólo intrincada sino procesal; una actualidad, por lo mismo, potencialmente abierta. Sólo se puede pensar la identidad, nos dice, desde su narrativa, esto es, desde su relato de construcción y autorreflexión.

En palabras de Ricoeur, “sin la ayuda de la narración, el problema de la identidad personal está condenado a una antinomia sin solución: o se presenta a un sujeto idéntico a sí mismo en la diversidad de los estados, o se sostiene, siguiendo a Hume y a Nietzsche, que este sujeto idéntico no es más que una ilusión sustancialista, cuya eliminación no muestra más que una diversidad de cogniciones, de emociones, de voliciones. El dilema desaparece si la identidad entendida en el sentido de un mismo (ídem), se sustituye por la identidad entendida en el sentido de sí-mismo (ipse); la diferencia entre ídem e ipse no es otra que la diferencia entre una identidad sustancial o formal y la identidad narrativa. La ipseidad puede sustraerse al dilema de lo Mismo y de lo Otro en la medida en que su identidad dinámica en una estructura temporal conforme al modelo de identidad dinámica fruto de la composición poética de un texto narrativo. El si-mismo puede así decirse refigurado por la aplicación reflexiva de las configuraciones narrativas. A diferencia de la identidad abstracta de lo Mismo, la identidad narrativa, constitutiva de la ipsiedad, puede incluir el cambio, la mutabilidad, en la cohesión de una vida”.

Siguiendo a Ricoeur, diríamos que las transformaciones narrativas del yo con respecto a Aloysius se explican a través del concepto de identidad entendida como ipsiedad, es decir, como el cambio de la relación identitaria que establece el yo con respecto a sí mismo, y a Aloysius, que es un manifestación del yo. En efecto, desde esta perspectiva, Aloysius Acker no constituye un Otro, como algún psicoanalista podría pensar, sino una prolongación del yo, realizado por las marcas temporales que el poema presenta en su recorrido narrativo. Aloysius no es otro, porque su identidad no es abstracta, es decir, inmutable, sino que se trasforma, se narrativiza. De esta manera adquiere sentido el juego de relaciones identitarias que se plantean en el poema. Un juego que se estructura a partir de la noción de identidad como si-mismo. La que, según Ricoeur, permite la refiguración del yo y de Aloysius en cada lectura.